Durante el embarazo, el cuerpo de la mujer experimenta una transformación significativa. El abdomen se expande enormemente para alojar al bebé, las paredes abdominales se dilatan y los músculos se separan para cumplir con este noble objetivo. Además, la acumulación de grasa es una respuesta natural del cuerpo para garantizar la producción de leche materna durante la lactancia. Esto ocurre incluso en mujeres delgadas, ya que es parte de los mecanismos de supervivencia que la naturaleza ofrece para asegurar la salud del recién nacido.
Después del parto, aunque el cuerpo intenta restaurar su estado original, es posible que algunas secuelas no se recuperen completamente sin ayuda. El abdomen puede permanecer distendido, los músculos debilitados y, sin una intervención adecuada, estas secuelas pueden volverse permanentes. Aquí es donde la fisioterapia del suelo pélvico juega un papel crucial en la recuperación de la madre, permitiendo que recupere su forma física y bienestar.